Parashá Vaieshev

 

"Israel le dijo a Iosef: “Tus hermanos se encuentran pastoreando en Shjem. Ven y te enviaré a ellos”. Él contestó: “Heme aquí”. Y le dijo: “Ve a observar cómo está la paz de tus hermanos y cómo se encuentra el ganado y tráeme la información de regreso”. Y lo envió desde el valle de Jevrón. Y al llegar a Shjem un hombre lo encontró perdido por los campos. El hombre le preguntó: “¿Qué buscas?”. Él le dijo: “Estoy buscando a mis hermanos. ¿Podrías decirme en dónde están apacentando?”. El hombre le dijo: “Se han marchado de aquí, pues he escuchado que decían: “Vayamos hacia Dotán”. Y se fue Iosef tras sus hermanos. Y los encontró en Dotán. (Bereshit 37:13-17)

 

Estos pocos versículos de la Parashá de la semana encierran una riqueza inconmensurable: cada palabra es la llave hacia otra enseñanza.

 

El relato luego se tornará dramático cuando nos encontremos con que los hermanos no recibieron bien a Iosef y en un confuso episodio éste terminará siendo vendido como esclavo en Egipto.

 

Pero volvamos a la introducción prestando especial atención a cada palabra: Israel (que es Iaakov) dice “te enviaré A ellos” y su hijo Iosef contesta “hineni”, que significa “heme aquí” o “estoy preparado”. Por un lado el “te enviaré a ellos” podría indicar “estarás en sus manos”. De hecho, la contestación de Iosef se parece a la disposición de Itzjak respecto de Abraham cuando parten hacia el Monte Moriá donde el joven casi sería ofrendado en sacrificio. Itzjak también dice “Hineni”. Esta no es una contestación usual, sino que es una manifestación de entrega absoluta.

 

Iosef, quien suele ser visto como arrogante, se muestra aquí obedeciendo a su padre con humildad. Y yendo hacia el campo a ponerse en manos de sus hermanos -que no albergaban precisamente buenos sentimientos hacia él- parece más cercano a la visión del Caballero de la Fe de Kierkegaard que a la mirada tradicional que lo propone como soberbio o altanero.

Pero sigamos con el relato -que aún no llegó lo mejor-. Lo que ocurre en el camino es tan importante, que la historia probablemente no hubiera sido la misma sin este suceso. Iosef se pierde y un hombre lo ve deambulando por allí y le ofrece ayuda. La Torá dice “un hombre” pero sabios como Rashbam (Troyes, Francia 1085-1158) o Najmánides (Gerona 1194 - Israel 1270) afirman que era el ángel Gabriel y que estaba allí cumpliendo esa misión específica.

 

Según la mística judía, todos venimos a este mundo con una misión que cumplir. A veces suponemos que se trata de un hecho grandilocuente, con fotógrafos esperando para retratar el momento: liderar un gran proyecto, ganar un importante premio, ser protagonista de una historia de las que luego se cuentan en los libros... sin embargo la Torá nos está mostrando que la misteriosa y trascendente misión que tenemos que realizar tal vez sea guiar a una persona en la calle, o quizás leer un cuento a un chico, o hacer reír a un abuelo.
Quien sabe, algo de lo que hicimos hoy, o de lo que haremos mañana cambiará la historia para siempre. La responsabilidad es muy grande, pero no debe atemorizarnos. Todo lo que debemos hacer, como el ángel (o el hombre), es estar atentos a lo que le pasa al otro, ofreciendo lo mejor que tenemos.

 

Quiera Dios que podamos comprender y aceptar que fuimos creados con el potencial de modificar el curso de la historia. Que lo hagamos con nuestro mejor esfuerzo y energía. Sin dudas el mundo podrá así ser reparado por nosotros, para nuestros hijos.

Que la próxima festividad de Januká nos guíe a iluminarnos y así aportar luz a la humanidad.

 

Shabat Shalom Umeboraj.

Diego Elman
diegoelman@mishkan.org.ar



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